martes, 26 de julio de 2016




No es la cal la que revoca el muro
sino el brochazo de luz
cambiante por momentos

El tembloroso   inconsistente
enigma de unos ojos
proyectándose en el muro

C. I



miércoles, 6 de julio de 2016

Impajaritable, de Julio Obeso




Una vez al año ediciones Leteo, a cargo del poeta Rafael Saravia, nos obsequia con un volumen de poesía maravillosamente editado y cuidadosamente escogido. Sólo uno.  Esta norma de producción tan exigente conduce de forma inevitable, impajaritable, a poner en nuestras manos algo extraordinario. En esta ocasión el elegido ha sido Julio Obeso, poeta asturiano cuya lectura resulta imprescindible porque siempre descerraja los candados con los que la rutina va aherrojando la mente poco a poco y sin que nos demos cuenta.

Ya en una ocasión anterior señalé esa sensación de absoluta libertad, plasticidad e imaginación que se apodera del lector cuando acomete la lectura de Obeso. Sigue siendo verdad para este como lo era para sus anteriores libros, en los que siempre hallamos una alta tensión emocional que se combina de forma difícil, pero efectiva, con un juego del lenguaje que sabe introducir medidas dosis de humor y desenfado. En este volumen ya desde el título (fantástico americanismo) toda una serie de imágenes y reflexiones de gran originalidad van creando un mundo que se desdobla a partir del mundo real para permitirnos habitar una réplica de éste, si no mejor, más humana. Más real, desde el punto de vista del alma o, como quizá preferiría Obeso, de la mente (si todavía no ha encontrado una palabra que se ajuste mejor a ese concepto evanescente pero sólido que se escapa con habilidad de la prisión de los diccionarios). Es decir, que nos permite habitar en ese lugar donde algunos sospechamos que se encuentra la verdadera realidad (¿no será esta de aquí, de más aquí, la réplica?), en esos "descampados del mundo" donde "los niños se dan calor" y donde, en ocasiones, transitan ángeles despistados y tiernos, únicos seres capaces de elevar una orquídea perfecta.




El discurso que de forma fragmentaria van conformando los poemas se articula a partir de las impresiones y reflexiones que surgen de una sensibilidad que metaboliza en poesía cuanto vive (y en vida cuanto lee) adoptando ante lo evidente rumbos imprevistos pero sutiles. "busco donde no estás/ siempre te encuentro", leemos. Se trata de un indicador de que es otra la lógica que rige esta andadura por un mundo más libre que el acostumbrado en el que las mayúsculas, quizá en una reivindicación de la falta de importancia de los comienzos, se niegan a ejercer sus competencias. Mi impresión es que en Impajaritable nos hallamos ante una profundización en el instante, ante una intensificación del momento como sólo es capaz de proporcionarnos la experiencia poética al empequeñecernos –y engrandecernos en otro sentido– ante el tiempo. "el niño, casi con dulzura,/ aprieta la mano del abuelo./ sin saber por qué,/ hará todo lo posible/ por recordar este momento". Poemas. Apretones de manos.








jueves, 30 de junio de 2016




Altas gaviotas, tejados
últimos de la ciudad,
dulces aleros que acogen,
abuhardillados, los ojos;
vierteluces de la tarde,
elevadas gaviotas de
duros picos carroñeros,
afiladísimas garras
en un tránsito perpetuo,
silenciosas muchedumbres,
altas gaviotas, tejados
sobre hogares fugitivos.

C. I

Imagen

lunes, 30 de mayo de 2016

"Aral", de Sonia Bueno




He aquí un ejercicio radical del lenguaje, en su doble sentido: en lo que tiene de extremo o, podríamos decir, experimental; y en lo que tiene de raíz, esto es, de palabra enraizada en lo profundo del subconsciente, aún no aflorada al oxígeno exterior de la consciencia. Se trata más de expresar(se) con absoluta libertad que de significar, puesto que para la poeta significar se erige como un acto ¿imposible? ¿irrelevante?

“adentrarse en el mar vacío. acariciar. lo que seca
la palabra. hurgar en el mar. vaciado. como una
imagen. hurgar el fondo. y no decir”.

Hubo un tiempo en que el mar de Aral, en Asia, era uno de los mayores lagos del mundo; en la actualidad –y en gran parte por la acción del ser humano– se ha ido desecando hasta transformarse en desierto. Y ya en este poema, casi al comienzo del libro, se nos revela una de las claves con las que la poeta ha afrontado la escritura y nosotros debemos acoger la lectura: se trata de enfrentarse a la inmensidad, de convertir lo real en imagen, asumiendo la incapacidad para decir al tiempo que esa incapacidad para decir se hace a su vez imagen, metáfora, en la imposible sintaxis. No se trata tanto de renunciar a algo –ahí está el esfuerzo de adentrarse, de acariciar, de hurgar el fondo– cuanto de asumir una condición. Observemos esa cursiva que dentro de la misma palabra "imagen" hace estallar la sílaba “gen”, amplificando su significado para, creo yo y puedo estar equivocado, ofrecernos una síntesis de la condición humana.

mar labrado a medida
del cáliz”

nos dice un poco más adelante. Es una poderosa imagen, que evoca en la memoria aquel niño a quien Agustín de Hipona sorprendió intentando introducir el mar dentro de un agujero de arena en la playa. ¡Y hay tantas resonancias de dolor, y tantas de sacrificio, y de salvación, en la palabra “cáliz”!

A través de las diversas secciones, fraccionadas fundamentalmente en once poemas cada una (un homenaje interno a la colección Once de Amargord que edita el poemario); a través, digo, de los diversos “Cuadernos de Lara” (¿Aral en sentido inverso?), de los “11 pecios para un nudo” y del “Cuaderno del vaciado o de cómo eliminar comas y paréntesis”, Sonia Bueno va creando relaciones que surgen, aleatoria o azarosamente, de las palabras: de sus sonidos, de sus morfemas, de sus identidades, de sus semejanzas o contrastes. Todo queda reducido a la palabra, esto es, al significado del que nosotros dotemos, de nuevo, a cada palabra. Así, como cualquier otra,

la distancia no es más que una palabra”

Y por eso aquí, en estas páginas, el lenguaje se transforma en libertad interior y en conquista, en dificultad y en redifinición, en creación de un mundo propio en donde, sin embargo, quienes habitamos somos nosotros y no ella puesto que todo queda sometido a la personal relación de cada quien con el lenguaje. Porque lo que nos propone Sonia Bueno es que juguemos sin reglas con esa estructura espiritual que es el lenguaje, liberándonos de los manidos significados con los que el uso cotidiano esclaviza y reduce a las palabras.  ¿Que dinamitar los significados dentro de los significantes puede volvernos incomprensibles? Así es, desde luego, pero quizá porque nadie se comprende a sí mismo totalmente (“hay algo en el hombre que ignora aun el mismo espíritu que habita dentro de él” – otra vez Agustín de Hipona). Aunque es preciso señalar que existe cierta imposibilidad en la imposibilidad –cierta  imposibilidad de no significar en la imposibilidad de significar– puesto que como nos enseña la fábula de Midas, aquí aplicada como a tantas otras situaciones, el oro del lenguaje transforma en significado todo aquello que toca.

Aral ilustra lo que Antonio Méndez Rubio, quien por cierto firma la nota introductoria, expone en su reciente libro de ensayos Abierto por Obras: “En virtud de la energía magnética que las separa y las une, las palabras se enlazan entonces buscando formas de salir del aislamiento, buscándose unas a otras (…) A través del hacer-poesía (tanto en la escritura como en la lectura) la libertad y la vida aprenden a inventarse de nuevo de un modo microscópico, biopolítico, casi subliminal. La poesía deja aquí de confundirse sin más con la literatura para traspasar los límites del lenguaje estándar, de la gramática, y explorar a ciegas otros vínculos con el mundo”.

Traspasar los límites del lenguaje. Explorar los vínculos.




viernes, 8 de abril de 2016





Necesito una balada lenta que me aplaque,
necesito dormir, caer rendido, cerrar
los ojos a la muerte, abrir los sueños al olvido.

Quiero dormir, quedar inerte,
que mis sueños crezcan ya definitivos,
que una música invisible los hilvane
sobre el duro pentagrama de las calles,
que la balada sea lenta y dulce y absoluta,
extensa como la abierta palma de una mano.

Anhelo dormir, caer rendido, abrir
los ojos hiriéndolos de sueños,
que una música transparente me sumerja
en el único rumor de unas olas circulares
nacidas a la orilla de un abismo como el mío,
rodando hacia los cuatro puntos cardinales

Ansío una balada
lenta
que me aquiete.

Necesito
que esa música sea
bellísimo silencio.


O tus ojos.

C. I

miércoles, 24 de febrero de 2016




¿Qué será de nosotros cuando hayan muerto
todos los pájaros y queden
los árboles solos, destrinados,
alzando ramas sin plumas al espacio?

C. I

Foto: C. I

domingo, 3 de enero de 2016

Tiempo en funciones




El viejo año termina con las campanadas de la medianoche, pero el año nuevo no da comienzo hasta que la Filarmónica de Viena toca la Marcha Radetzky. Entre ambos momentos se produce un vacío de tiempo, un tiempo precario, un espacio gobernado por un tiempo en funciones, apenas testimonial y sin poder verdadero sobre nosotros, que nos viene a demostrar que la libertad, todavía, es posible; y que nada podría comenzar de nuevo si no nos lo propusiéramos.